• 15 enero, 2024

Entre nietos la vida sabe mejor

Entre nietos la vida sabe mejor

Manuel Díaz Aponte

En Navidad mi hogar fue “invadido” de alegría y amor por nuestros cuatro nietos y vivimos juntos a ellos la ternura y confraternidad familiar.

Momentos de puro amor, de ruidos, gritos, quejas y de múltiples ocurrencias a veces indescriptibles por su intensidad en ese apasionante mundo infantil.

En sus brillosas y penetrantes miradas se escondía con evidente inocencia, la confraternidad y agradable visión de un mundo que apenas da sus primeros pasos, que percibe ligeramente el olor de un espacio social tan complejo y convulso.

Una experiencia inolvidable la de poder convivir y sentir la respiración cara a cara de Samuel Elías (4 años); Sarah Sophia (3 años), Salma (9 meses) y Samira (3 meses).

Samuel y Samira vinieron juntos a sus padres Román y Carmen desde Bávaro, donde residen, para pasar la Nochebuena y Navidad con sus abuelos Teresa y Manuel.

Días antes habían arribado desde Atlanta, Georgia, Sarah y Salma acompañadas y protegidas por sus padres Javier y Tania.

Esos cuatro angelitos iluminaron, renovaron y cargaron de energías intensamente cada espacio de nuestro hogar en San Pedro de Macorís, contribuyendo a rejuvenecer nuestras vidas tras recientes adversidades de salud.

Su presencia se convirtió en el mejor bálsamo para aliviar dolencias, mirando hacia el presente y futuro con renovadas energías.

Convivimos en familia armoniosamente atentos a cada detalle de sus ágiles movimientos, ocurrencias y destrezas infantiles. No había tiempo que perder porque hacia ellos se concentraban y dirigían nuestras miradas.

Samuel Elías, el mayor de esas proles de nietos, es un fiel amante de los dulces, especialmente de los chocolates. Y por supuesto, de las pizzas.

En cambio, Sarah, que comienza a exhibir un carácter y personalidad recia, cargado de valor combinado con dulzura y mucho amor, gusta también de los dulces, avena, huevos y plátanos maduros. Ella nunca dejó tanguilla a Misty, la perrita de la casa, con la cual jugó y acarició vehementemente.

Salma y Samira están a nivel de leche y la primera ya consume compotas.

Los Juguetes

El día de Navidad la adrenalina infantil alcanzó su máxima expresión cuando comenzamos a distribuir los juguetes.

Cuántas emociones en los rostros de mis nietos que gozaban intensamente cada rincón del hogar exhibiendo sus regalos y adueñándose incluso de la habitación de los abuelos.

En la sala, marquesina, los pasillos y en el balcón de la casa las huellas de Sarah y Samuel quedaron marcadas con sus movimientos y destrezas.

La televisión de la sala tenía fijada la programación infantil a través del sistema de cable, contribuyendo así a dar un toque mágico de entretenimiento alrededor de la casa.

En ocasiones, Sarah y Samuel se “adueñaban” del control de la televisión en la habitación de sus abuelos que contemplaban con complicidad esas acciones.

Al final, ¿qué no haría un abuelo por ver feliz a un nieto? Es que con sus sabidurías y dulzuras nos roban el cariño, amor y ternura hasta dejarnos sin aliento.

En la agenda agotada por nuestros nietos hubo tiempo para visitar familiares, amigos y acudir a la Iglesia Evangélica Dominicana donde el reverendo Eliardo Escotto bautizó a Sarah y Salma. Fue un momento de profunda emoción y fe cristiana entre los familiares y amigos presentes en el templo.

Con los niños

Mientras veía y disfrutaba jugar con mis nietos en ocasiones recordaba la triste realidad y sufrimiento que padecen los niños palestinos, donde miles de ellos, han perdido la vida junto a sus padres en medio de una guerra cruel protagonizada por Israel y Palestina.

Los infantes palestinos no pueden jugar y disfrutar con sus abuelos porque su mundo está rodeado de violencia, de intensos bombardeos y lanzamientos de misiles que llevan terror y medio en su cobija familiar.

Otra situación parecida la padecen los niños haitianos que juntos a sus padres huyen de la tropelía de las bandas armadas que con terror y violencia controlan el empobrecido territorio vecino.

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