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Historia de inspiración: padre de 62 años vence barreras y persigue su sueño de ser abogado

Perú. La historia de Antenor Yarihuamán Campos se ha convertido en un ejemplo de perseverancia, inclusión y superación personal. A sus 62 años, este padre de familia y residente de Chanchamayo cursa el quinto ciclo de la carrera de Derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, demostrando que nunca es tarde para perseguir los sueños.

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Antenor, quien vive con una discapacidad física severa provocada por una espondilitis anquilosante, una enfermedad que limita progresivamente la movilidad de las articulaciones, logró ingresar a la universidad a los 60 años gracias a la Beca Inclusión otorgada por el Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo.

Cada semana, el estudiante recorre más de 300 kilómetros desde la región de Junín hasta Lima para asistir a clases presenciales. El programa estatal cubre gastos de transporte, alojamiento, alimentación y materiales académicos, permitiéndole concentrarse en su formación profesional.

Sin la beca yo no estaría aquí, porque estudiar es costoso para mí”, expresó Yarihuamán, quien considera que la educación representa mucho más que la obtención de un título universitario. Para él, la experiencia académica constituye una oportunidad de crecimiento personal y una forma de mantenerse activo intelectualmente.

El impulso para iniciar esta nueva etapa llegó de la mano de su hijo mayor, Julián, quien lo motivó a postular a la universidad en 2024. Desde entonces, Antenor ha asumido el desafío con disciplina y entusiasmo, convirtiéndose en una inspiración para sus compañeros y docentes.

Autoridades de la Facultad de Derecho destacan que su presencia en las aulas transmite un poderoso mensaje sobre la importancia de la perseverancia y la inclusión educativa. Su caso demuestra que las limitaciones físicas o la edad no deben convertirse en obstáculos para acceder a oportunidades de desarrollo profesional.

Actualmente, Antenor avanza con éxito en sus estudios y mantiene intacta su meta de graduarse. “Ya voy cinco ciclos de doce. Voy comprendiendo los temas y avanzando bien. Espero algún día estar en el salón de actos presentando mi tesis. Esa es la visión que me motiva todos los días”, afirmó.

Su historia refleja el impacto positivo de las políticas de inclusión educativa y confirma que el acceso a la educación superior puede transformar vidas, abrir nuevas oportunidades y fortalecer la participación de personas en situación de vulnerabilidad dentro de la sociedad.