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Muere a los 101 años el preso más anciano de Estados Unidos tras pasar más de siete décadas en prisión

Connecticut, Estados Unidos.Francis Clifford Smith, considerado durante años el preso más anciano de Estados Unidos, falleció a los 101 años después de haber pasado más de siete décadas vinculado al sistema penitenciario por un asesinato que aseguró durante toda su vida no haber cometido.

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Smith murió mientras dormía en junio de 2026, en una residencia para personas mayores perteneciente al sistema penitenciario de Connecticut, donde permanecía bajo un régimen de libertad condicional supervisada, según informó People.

Su historia se remonta a 1949, cuando fue acusado del asesinato del vigilante nocturno Grover Hart, ocurrido durante un robo en el club náutico Indian Harbor, ubicado en Greenwich, Connecticut.

Un año después, en 1950, Smith fue condenado a 25 años de prisión por el crimen. Sin embargo, a lo largo de las décadas posteriores mantuvo su inocencia y sostuvo que no había participado en el asesinato por el que fue encarcelado.

Uno de los aspectos más llamativos de su caso fue que Smith llegó a salvarse en ocho ocasiones del corredor de la muerte, en un proceso judicial que se extendió durante buena parte de su vida.

A pesar del tiempo transcurrido, el condenado continuó defendiendo su versión de los hechos y cuestionando la sentencia que lo mantuvo durante décadas tras las rejas.

Smith se convirtió así en una de las personas que más tiempo permanecieron encarceladas en Estados Unidos, pasando gran parte de su vida adulta dentro del sistema penitenciario.

Su avanzada edad hizo que en sus últimos años fuera trasladado a una residencia destinada a personas mayores vinculada al sistema correccional, donde permaneció bajo supervisión mientras cumplía las condiciones de su libertad condicional.

El caso de Smith ha generado durante años interés por la duración de las condenas, el funcionamiento del sistema de justicia penal y las dificultades que enfrentan las personas que mantienen su inocencia después de haber sido condenadas.

Su fallecimiento a los 101 años pone fin a una vida marcada por un proceso judicial iniciado cuando apenas tenía 20 años y que terminó acompañándolo durante más de siete décadas.

La historia también deja abierta la discusión sobre la posibilidad de revisar condenas antiguas y determinar, mediante nuevas evidencias o herramientas forenses, si algunas personas pudieron haber sido condenadas injustamente.

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