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Edwin Encarnación se ausenta de su exaltación al Salón de la Fama Romanense

La Romana, República Dominicana.- Edwin Encarnación evitó este domingo una nueva exposición pública al ausentarse de la ceremonia en la que sería exaltado al Salón de la Fama Romanense, uno de los reconocimientos más importantes de su trayectoria deportiva.

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En lugar de asistir personalmente a la gala, el exjugador de Grandes Ligas estuvo representado por su madre, Mireya Altagracia Rivero, quien recibió el reconocimiento en nombre del destacado expelotero dominicano.

La ausencia de Encarnación se produce en medio del difícil momento personal que atraviesa, luego de que recientemente se conociera el inicio de su proceso de divorcio con la comunicadora Karen Yapoort, con quien estuvo casado durante varios años y tiene dos hijos.

El anuncio de la separación ha generado gran atención pública debido a la popularidad de ambos y a la exposición que durante años tuvo su relación en medios de comunicación y redes sociales.

A esta situación se suma una querella judicial relacionada con un altercado físico ocurrido en La Romana, en un caso que involucra acusaciones cruzadas entre las partes.

En este contexto, la decisión de Encarnación de no acudir personalmente a la ceremonia ha sido interpretada como una señal de su intención de mantenerse alejado de las cámaras y evitar actividades públicas mientras enfrenta este complejo escenario personal.

Pese a su ausencia, el reconocimiento al exjugador se llevó a cabo y su madre asumió la representación durante una jornada dedicada a destacar los logros alcanzados por el antiguo jugador de los Cincinnati Reds, Toronto Blue Jays, Texas Rangers, Cleveland Indians y otros equipos durante su carrera profesional.

Encarnación construyó una destacada trayectoria en las Grandes Ligas, especialmente como uno de los bateadores de mayor poder de su generación y como una de las principales figuras dominicanas en el béisbol internacional.

La ceremonia en La Romana adquiere así un significado particular, pues se produce en un momento en el que los logros deportivos del expelotero contrastan con la situación personal que actualmente ocupa la atención pública.

Mientras el proceso de divorcio y la situación judicial continúan su curso, Encarnación parece optar por mantener un bajo perfil y delegar en personas cercanas su presencia en actividades que tradicionalmente habrían contado con su participación.

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