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La Tierra tiembla y el Caribe mira hacia las fallas: ¿está preparada la República Dominicana?

La ubicación geográfica del país, las fallas sísmicas activas y la vulnerabilidad de algunas edificaciones mantienen en alerta a los especialistas. Aunque las autoridades han impulsado simulacros y planes de prevención, expertos advierten que fortalecer las construcciones y preparar a la población sigue siendo un desafío nacional.

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SANTO DOMINGO. – La actividad sísmica que caracteriza al Caribe vuelve a poner sobre la mesa una pregunta fundamental para la República Dominicana: ¿está el país preparado para enfrentar un terremoto de gran magnitud?

La interrogante no es menor. La isla La Española, compartida por República Dominicana y Haití, se encuentra en una zona de interacción entre las placas tectónicas del Caribe y Norteamérica, un entorno geológico que favorece la acumulación de energía y la ocurrencia de terremotos potencialmente destructivos.

A lo largo de la historia, la región ha experimentado movimientos telúricos que han provocado daños materiales, pérdidas humanas y graves consecuencias sociales. El terremoto ocurrido en Haití en enero de 2010, que devastó amplias zonas del país vecino, constituye uno de los recordatorios más dolorosos de la capacidad destructiva de estos fenómenos.

Aunque no es posible determinar con exactitud cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto, los especialistas coinciden en que la prevención, la calidad de las construcciones y la capacidad de respuesta institucional son factores decisivos para reducir las consecuencias de una catástrofe.

Un territorio atravesado por fallas sísmicas

La República Dominicana está expuesta a diferentes fuentes de amenaza sísmica debido a su ubicación geológica. Entre las estructuras de mayor importancia se encuentran la falla Septentrional, al norte de la isla, y el sistema de fallas Enriquillo-Plantain Garden, que se extiende por el sur de La Española y continúa hacia Haití y Jamaica.

Estas estructuras forman parte de un sistema tectónico complejo en el que se producen movimientos entre bloques de la corteza terrestre. La energía acumulada a lo largo de las fallas puede liberarse repentinamente y generar terremotos de distinta magnitud.

Investigaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) documentan terremotos históricos importantes en La Española, incluidos eventos ocurridos en 1751 y 1770 vinculados probablemente al sistema Enriquillo, así como grandes terremotos asociados a la falla Septentrional.

La historia geológica demuestra que el riesgo no es hipotético. Sin embargo, la existencia de fallas activas no significa que un terremoto destructivo vaya a ocurrir en una fecha determinada. La ciencia todavía no dispone de un método fiable para predecir el día, la hora y la magnitud de un sismo.

Por esa razón, los especialistas insisten en que la preparación debe mantenerse de forma permanente, independientemente de que se produzcan o no movimientos perceptibles en un momento determinado.

¿Está preparada la República Dominicana?

La respuesta exige distinguir entre la capacidad institucional para responder a una emergencia y el nivel de vulnerabilidad de las comunidades y sus edificaciones.

En los últimos años, el país ha desarrollado instrumentos de planificación para reducir el riesgo sísmico, fortalecer la coordinación entre organismos de emergencia y orientar las actuaciones antes, durante y después de un desastre.

La Oficina Nacional de Evaluación Sísmica y Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones (Onesvie) desempeña un papel importante en la evaluación de estructuras y en la formulación de recomendaciones para reducir la vulnerabilidad de infraestructuras públicas.

En diciembre de 2024, el Gobierno informó sobre la actualización y puesta en marcha del Plan Nacional para la Reducción del Riesgo Sísmico, una herramienta destinada a orientar las acciones de prevención, preparación y recuperación ante terremotos.

Además, en julio de 2026, el presidente Luis Abinader informó sobre trabajos de evaluación, rehabilitación y reforzamiento de puentes, escuelas y otras infraestructuras estratégicas consideradas vulnerables. <Cite refs={["turn648896search3″,"turn648896search0″]}/>

Estas iniciativas representan avances en materia de prevención. No obstante, la existencia de planes y organismos especializados no significa que todas las edificaciones estén preparadas para soportar un terremoto severo ni que todas las comunidades dispongan de los mismos recursos para responder.

La preparación real depende también de que las normas de construcción se apliquen correctamente, las estructuras existentes sean evaluadas y las instituciones puedan coordinar una respuesta rápida ante daños generalizados.

Las edificaciones, uno de los mayores desafíos

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es la vulnerabilidad de determinadas construcciones, especialmente aquellas levantadas sin una supervisión técnica adecuada o que no cumplen con los requisitos de seguridad estructural.

En agosto de 2026, la ingeniera sísmica Claudia Germoso advirtió sobre la necesidad de fortalecer la supervisión de las edificaciones y mejorar la preparación de la población dominicana ante la amenaza de un gran terremoto. <Cite refs={["turn648896search6″]}/>

El riesgo aumenta cuando una edificación presenta deficiencias estructurales, materiales inadecuados, modificaciones que afectan columnas o vigas, o una construcción que no toma en cuenta las características del terreno.

En zonas urbanas densamente pobladas, como Santo Domingo y Santiago, un terremoto fuerte podría afectar simultáneamente viviendas, establecimientos comerciales, centros educativos, hospitales, vías de comunicación y servicios esenciales.

A esto se suma la posibilidad de que edificios dañados bloqueen calles, dificulten el acceso de ambulancias y equipos de rescate, o interrumpan temporalmente el suministro de agua y electricidad.

Por ello, la evaluación preventiva de las estructuras vulnerables debe considerarse una prioridad. Los propietarios de edificaciones que presenten grietas importantes, deformaciones u otras señales preocupantes deben solicitar una inspección de un profesional cualificado, sin asumir que toda grieta implica necesariamente un riesgo de colapso.

El papel de las autoridades y los organismos de emergencia

El Centro de Operaciones de Emergencias (COE), la Defensa Civil, los bomberos, la Cruz Roja Dominicana, el Sistema Nacional de Atención a Emergencias y Seguridad 9-1-1 y otras instituciones forman parte de los mecanismos de coordinación y respuesta ante situaciones de desastre.

Su trabajo incluye la preparación de protocolos, la organización de simulacros, la coordinación de equipos de rescate y la difusión de orientaciones para que la población sepa cómo actuar.

El 8 de septiembre de 2026, el país realizó un Simulacro Nacional de Evacuación por Terremoto, con participación de instituciones públicas y privadas, centros educativos y ciudadanos. El ejercicio buscó reforzar los conocimientos de la población y mejorar la coordinación ante una eventual emergencia sísmica. <Cite refs={["turn648896search1″,"turn648896search2″]}/>

Los simulacros permiten identificar dificultades, evaluar procedimientos y enseñar a las personas cómo protegerse. Sin embargo, su efectividad depende de que las lecciones aprendidas se traduzcan en mejoras concretas y de que la práctica se mantenga en hogares, escuelas, empresas e instituciones.

Una respuesta eficiente ante un terremoto de gran magnitud también requiere comunicaciones de emergencia confiables, equipos de búsqueda y rescate, personal médico disponible y planes para atender a las personas que pierdan sus viviendas.

Qué debe hacer cada familia para prepararse

La prevención no depende exclusivamente de las autoridades. Las familias pueden adoptar medidas sencillas que ayuden a reducir los riesgos y faciliten la respuesta durante los primeros minutos de un terremoto.

Entre las principales recomendaciones figuran:

  • Preparar un plan familiar: establecer rutas de salida, un punto de encuentro y una forma de comunicarse si los integrantes se encuentran separados.
  • Organizar un kit de emergencia: incluir agua potable, alimentos no perecederos, linterna, radio portátil, baterías, botiquín, medicamentos esenciales y copias de documentos importantes.
  • Asegurar los objetos pesados: fijar estanterías, televisores y muebles que puedan caer durante el movimiento.
  • Identificar lugares seguros: reconocer espacios alejados de ventanas, cristales y objetos que puedan desprenderse.
  • Practicar simulacros: enseñar a niños y adultos cómo protegerse y qué hacer después de que termine el movimiento.

Durante un terremoto, la recomendación general es agacharse, cubrirse y sujetarse. Si se está dentro de un edificio, es importante proteger la cabeza y el cuello, mantenerse alejado de las ventanas y no correr hacia las escaleras mientras continúa el temblor.

Tampoco se recomienda utilizar ascensores durante una emergencia sísmica. Una vez que el movimiento haya cesado, la evacuación debe realizarse con prudencia, siguiendo las indicaciones de las autoridades y evitando estructuras que presenten daños.

¿Puede anticiparse un gran terremoto en el Caribe?

A pesar de los avances científicos, no existe un sistema capaz de anunciar con precisión el momento en que ocurrirá un terremoto destructivo.

Los investigadores pueden identificar fallas activas, estudiar los antecedentes históricos, estimar la amenaza sísmica y desarrollar modelos para evaluar los posibles efectos de un movimiento telúrico. También existen sistemas de alerta temprana en determinadas regiones, pero estos no predicen los terremotos con días o semanas de anticipación.

La diferencia es importante: la evaluación del riesgo ayuda a planificar, mientras que una alerta temprana puede proporcionar segundos de aviso después de que un sismo ya ha comenzado, cuando existen las condiciones técnicas necesarias.

Por ello, los rumores sobre fechas específicas para un supuesto terremoto deben tratarse con cautela. La información confiable debe proceder de instituciones científicas y organismos oficiales.

La prevención como prioridad nacional

La República Dominicana cuenta con organismos especializados, instrumentos de planificación, ejercicios de preparación y programas para evaluar y reforzar infraestructuras. Sin embargo, los avances institucionales deben acompañarse de una aplicación rigurosa de las normas de construcción, una mayor supervisión técnica y una cultura de prevención extendida a toda la sociedad.

La pregunta sobre si el país está preparado no admite una respuesta absoluta. Existen capacidades que pueden ayudar a enfrentar una emergencia, pero también persisten vulnerabilidades que requieren atención continua.

Un terremoto de gran magnitud podría poner a prueba simultáneamente las edificaciones, los servicios básicos, las comunicaciones y los sistemas de salud y rescate. Reducir ese riesgo exige trabajo sostenido entre el Estado, el sector privado, los profesionales de la ingeniería y la ciudadanía.

En el Caribe, donde la actividad sísmica forma parte de la realidad geológica, la mejor estrategia no es vivir con miedo, sino actuar con conocimiento y anticipación.

La prevención no puede impedir que la Tierra tiemble, pero sí puede contribuir a que un terremoto no se convierta en una tragedia de mayores proporciones.

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