Economía

El desafío de formalizar con baja productividad

El costo que enfrentan los informales para formalizarse en República Dominicana no está tanto en la entrada, relativamente baja, como en la permanencia. Es el costo recurrente de operar y contratar formalmente el que puede resultar difícil de sostener cuando la productividad y las ventas son reducidas.

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De ahí que el problema no sea simplemente la elevada informalidad laboral, sino que el crecimiento económico de las últimas décadas no haya venido acompañado de suficientes empresas productivas capaces de ofrecer empleos formales más atractivos que las alternativas informales.

Veamos los números. El portal oficial Formalízate muestra que los costos administrativos iniciales para constituir una empresa son relativamente bajos. El registro del nombre comercial ante ONAPI tiene un costo fijo de RD$4,755 y, para un capital autorizado de hasta RD$100,000, el impuesto de constitución es de RD$1,000. A esto se agregan el Registro Mercantil y otros gastos asociados con el proceso de constitución.

El verdadero costo de la formalidad aparece después

Una empresa con trabajadores debe asumir las contribuciones patronales a la seguridad social. El empleador aporta 7.09% del salario cotizable al Seguro Familiar de Salud y 7.10% al Seguro de Vejez, Discapacidad y Sobrevivencia. En el Seguro de Riesgos Laborales aporta una tasa que combina un 1% fijo con un componente variable de entre 0.10% y 0.30%, dependiendo del nivel de riesgo de la actividad.

A ello se agregan vacaciones, salario de Navidad, bonificación cuando corresponda, prestaciones laborales, costos administrativos y contables, así como las obligaciones tributarias que correspondan.

Es decir, el costo de formalizar a un trabajador no está en obtener el RNC, sino en sostener permanentemente un empleo formal.

Un ejemplo ayuda a entender la dimensión humana de esa cuenta. Un mecánico de un taller del ensanche Capotillo que percibiera RD$25,000 mensuales tendría un ingreso que puede considerarse plausible dentro de los rangos observados para esa ocupación en el mercado laboral dominicano. Referencias recientes de empleo sitúan los salarios base de mecánicos en un rango aproximado de RD$17,000 a RD$32,000 mensuales, mientras también se observan ofertas concretas de puestos vinculados con la mecánica y la electricidad automotriz alrededor de RD$25,000.

Pero lo importante para este análisis no es establecer que RD$25,000 sea el salario típico de un mecánico, algo que las fuentes disponibles no permiten afirmar, sino observar qué ocurre con ese ingreso cuando el trabajador pasa de la informalidad a la formalidad.

Desde la perspectiva del trabajador, la diferencia puede sentirse así: “A mí me pagan RD$25,000 y me llevo los RD$25,000 completos; eso es lo que yo veo. Cuando me dicen que, al formalizarme, una parte se va para el seguro y la pensión, yo lo que siento es que estoy cobrando menos”.

Si esta expresión corresponde a un testimonio real, ilustra una tensión que las estadísticas no siempre consiguen mostrar. Cuando el ingreso es bajo, el valor de un beneficio futuro puede competir con la necesidad de disponer hoy de cada peso del salario.

La formalidad tiene costos recurrentes

Para el empleador, mientras tanto, la cuenta es diferente. Sobre un salario de RD$25,000, las contribuciones patronales de pensiones y Seguro Familiar de Saludsuman RD$3,547.50. Si se utiliza como referencia la tasa mínima de riesgos laborales de 1.10%, se agregan RD$275. 

El costo patronal de esos tres componentes sería, por tanto, de aproximadamente RD$3,822.50, llevando el costo salarial directo a unos RD$28,822.50, antes de considerar los demás componentes laborales.

Aquí aparece el balance de la formalidad.

El trabajador formal obtiene cobertura de salud, pensión, protección frente a riesgos laborales, vacaciones, salario de Navidad y otros derechos. Para la empresa, la formalidad permite emitir comprobantes fiscales, relacionarse con otras empresas formales, participar en determinados procesos de compras públicas, acceder a programas de apoyo y construir historial empresarial y financiero. El propio portal Formalízate señala que la formalización puede abrir oportunidades de negocios y facilitar el acceso a beneficios destinados a las mipymes. 

Pero una parte importante de esos beneficios no se convierte inmediatamente en ingreso disponible, mientras que los costos sí son recurrentes. La pregunta decisiva para una microempresa es, entonces: ¿Cuántos pesan esos costos cuando las ventas y la productividad son bajas?

Tres ejemplos ayudan a dimensionarlo. Una empresa con ventas de RD$50,000 mensuales, un trabajador y un salario mínimo de RD$16,993.20; otra con RD$150,000 de ventas, tres trabajadores y un salario mínimo de RD$18,421.20; y una tercera con RD$500,000 de ventas, diez trabajadores y un salario mínimo de RD$27,489.60.

Al incorporar salarios, contribuciones patronales y salario de Navidad, esos costos representan aproximadamente 42%, 45.5% y 68% de las ventas, respectivamente. Si además se incorpora, bajo los supuestos correspondientes, el 7% del RST sobre los ingresos brutos, la proporción llega aproximadamente a 49%, 52.5% y 75%.

Naturalmente, estas cifras son una simulación y no pueden presentarse como el costo general de la formalidad. No consideran márgenes, inventarios, alquileres, electricidad, financiamiento, transporte ni otros costos de operación. Pero sí muestran una realidad: para unidades productivas de baja productividad y escaso volumen de ventas, sostener la formalidad puede resultar económicamente difícil.

Y aquí está el punto central

La informalidad no responde únicamente a la falta de acceso a empleos formales. El estudio del Banco Mundial Racionalizar la informalidad: Protección social, calidad del empleo y crecimiento plantea que combina necesidad y oportunidad: una parte del autoempleo responde a decisiones asociadas con autonomía, flexibilidad y valoración de sus beneficios.

Pero el mismo enfoque señala que la informalidad tiende a disminuir cuando las empresas productivas crecen, aumentan su escala y generan empleos formales de mayor calidad.

Esto cambia el enfoque de la política pública.

Es cierto que se puede y debe seguir trabajando, como hasta ahora se ha venido haciendo, por ampliar el registro de informales. No sería inútil, como lo demuestran las cifras interanuales dadas a conocer por el Banco Central correspondientes a abril-junio de 2026: la informalidad se situó en 53.8%, por debajo de su promedio histórico de 56.7%. Además, en ese período los empleos formales representaron ligeramente más de la mitad de los nuevos puestos de trabajo: 74,794 frente a 72,663 informales.

Aun así, para obtener resultados robustos, se debe tener claro que la lucha contra la informalidad no puede separarse de la lucha contra la baja productividad, los bajos ingresos y el reducido tamaño empresarial. No se trata únicamente de hacer más barato y sencillo registrar una empresa. Se trata de crear las condiciones para que pueda crecer, invertir, incorporar tecnología y contratar formalmente.

En definitiva, la política de formalización debe ser también una política de productividad empresarial. La formalidad será sostenible cuando crecer y contratar formalmente resulte económicamente rentable.

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