El motor de la economía social: origen y expansión del cooperativismo dominicano
Con más de 1,500 cooperativas activas, el sistema ofrece a maestros, médicos, trabajadores y productores una vía de ahorro y financiamiento en la que el socio es también dueño
SANTO DOMINGO. – El cooperativismo en la República Dominicana se adelantó a la vida constitucional que se abriría en 1963. Ya en 1952, en pleno régimen de Rafael Leónidas Trujillo, el padre Pablo Steele, sacerdote canadiense de la orden Scarboro redactó, con la asesoría del reconocido abogado doctor Efraín Reyes Duluc, la Ley Núm. 3431, promulgada el 18 de noviembre de ese año que fue el marco jurídico que otorgó por primera vez reconocimiento legal a cooperativas que hasta entonces operaban sin personería jurídica, convirtiéndose en un modelo socioeconómico innovador para la época cuyo precedente persiste hoy en el sistema de autogestión financiera.
Más de una década más tarde, ya sin la dictadura y durante el período constitucional iniciado por el profesor Juan Bosch, cobró forma la idea de crear un órgano estatal que impulsara el sector. Aunque Bosch fue derrocado el 25 de septiembre de 1963 y, según una proclama cooperativista, dejó pendiente de firma el texto legal en su despacho, el Triunvirato asumió la iniciativa y promulgó, el 25 de octubre, la Ley Núm. 31-63, que creó el Instituto de Desarrollo y Crédito Cooperativo (Idecoop), que cumple 63 años.
Dicha ley fue publicada en la Gaceta Oficial Núm. 8803 del 6 de noviembre de ese mismo año, con la misión de fomentar, regular, fiscalizar, educar y financiar al movimiento. Pocos meses después, mediante la Ley Núm. 127 del 27 de enero de 1964 y el Decreto Núm. 623-86 que la reglamenta, se le otorgó el soporte jurídico definitivo con el que opera en la actualidad.
Consagración de octubre como el Mes del Cooperativismo
A pesar de los avances de sus inicios, no fue sino hasta 1998, 46 años después de los aportes del padre Steele y Reyes Duluc, cuando se instituyó formalmente en el país el Día Nacional del Cooperativismo, mediante el Decreto Núm. 287-98, emitido el 6 de agosto por el entonces presidente de la República, Leonel Fernández a solicitud del Idecoop.
El decreto fijó el 25 de octubre en conmemoración de la ley que dio vida a la institución y, desde entonces, octubre se consolidó como el Mes del Cooperativismo, impulsando actividades sociales, educativas, sanitarias, ambientales y financieras en todo el territorio nacional.
Sesenta y tres años después de aquella legislación fundacional, el Idecoop contabiliza 2,529 cooperativas incorporadas, de las cuales 1,558 permanecen activas.
Detrás de esas cifras, el último censo del Idecoop, realizado en 2025, estima que operan más de 1,500 cooperativas activas con cerca de 1.7 millones de asociados, lo que representa alrededor del 17 % de la población económicamente activa. Aunque dirigentes del sector manejan cifras superiores a los dos millones, el conjunto administra más de RD$380, 000 millones en activos, una dimensión que evidencia que el cooperativismo dejó atrás su experiencia parroquial para consolidarse como un actor fundamental de la economía social del país.
Inclusión financiera y desarrollo sostenible
El aporte más reconocido del sector ha sido la inclusión financiera, ya que el ahorro y el crédito cooperativo han facilitado el acceso a servicios a sectores tradicionalmente excluidos. Un estudio sobre el impacto socioeconómico del sector concluyó que 653 cooperativas (el 71 % de las registradas entonces) operan como instituciones financieras según el glosario del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI).
Asimismo, el uso de esos recursos se refleja en mejoras significativas en la educación, la salud, la vivienda y otras necesidades básicas de las familias asociadas.
A esta dinámica se suma el empleo generado alrededor de las cooperativas: se estima que el sector crea más de 6,000 empleos directos y se conecta con una red superior a los 40, 000 proveedores. El estudio citado también destaca la creación de empleos de calidad y la equidad de género en los órganos de dirección institucional.
Un rasgo propio del cooperativismo en el país es que muchas cooperativas nacieron alrededor de una profesión o de un mismo centro de trabajo, de modo que existen entidades pensadas para los médicos, otras para el personal de enfermería, en las que se integran también bioanalistas, psicólogos y odontólogos, y otras para los maestros, además de las que agrupan a empleados de zonas francas o trabajadores de hoteles, un vínculo común que da identidad y confianza al grupo, además de que ofrecen ahorro y préstamos con requisitos más flexibles que los de la banca, junto a beneficios como becas, seguros y fondos funerarios.
El rostro más visible de este impacto social es la Cooperativa Nacional de Servicios Múltiples de los Maestros (Coopnama), que fue fundada el 6 de marzo de 1971 por un grupo de maestros, la entidad cerró 2024 con activos superiores a los RD$104,000 millones y alrededor de 190,000 asociados.
Destina parte de sus excedentes a becas, asistencia en salud, apoyo ante desastres e iniciativas de vivienda, además de distribuir recursos directamente a sus socios.
Lo que demuestra que el gremio más que coincidir en una profesión, termina compartiendo un patrimonio y un proyecto de vida.
Sectores productivos, la asociatividad y desafíos
En el ámbito rural, la fórmula cooperativa ha servido a los pequeños productores para organizarse e invertir de manera conjunta. El sector cooperativo agrícola agrupa a 182 asociaciones y unos 10, 000 cacaocultores, con casi la mitad de la producción de sus miembros colocada en el mercado de comercio justo.
Sin embargo, el tamaño alcanzado por el sector plantea nuevos desafíos, ya no es un grupo perteneciente a una comunidad campesina o religiosa, es un renglón productivo que maneja cifras millonarias y la ley Núm. 127-64 que lo regula data de hace más de seis décadas, lo que evidencia que el Idecoop requiere mayores capacidades técnicas, financieras, tecnológicas y jurídicas acordes con su actual escala.
Al cumplirse 63 años del marco normativo, el reto de sostener en pleno siglo XXI el modelo de ahorro, crédito y solidaridad que el padre Steele sembró en las parroquias rurales hace casi ocho décadas, sin perder de vista que su fortaleza principal sigue estando, como entonces, en la participación activa de sus asociados.

