Estilos de vida

La santidad comienza en casa

El hogar es el primer lugar donde se aprende a amar, a servir, se vive la fe y la familia construye el camino hacia la santidad.

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¿Es posible construir una sociedad más respetuosa, solidaria y pacífica si comenzamos por transformar la manera en que convivimos en nuestros hogares? Esta pregunta nos invita a mirar a la familia dominicana y reconocer que muchos de los valores que nuestra sociedad necesita se aprenden, precisamente, en casa.

Habitualmente asociamos la santidad con personas que han realizado obras súper extraordinarias, con religiosos y religiosas, cuando realmente la santidad es una vocación a la que todos estamos llamados, no es regalo reservado a unos pocos, ni un ideal inalcanzable para familias perfectas, en verdad es una motivación de Dios a vivir el amor en medio de nuestra realidad cotidiana, con nuestras luces y sombras, con nuestras pruebas y esperanzas.

El Papa Francisco, en su exhortación apostólica “Gaudete et Exsultate”, nos habla de que todos estamos llamados a ser santos viviendo el amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones diarias (GE, 14).

Por eso en la familia no tiene que estar todo resuelto para comenzar a caminar hacia la santidad, sino más bien cuando invitamos a Dios a que venga a nuestra realidad y que transforme nuestra manera de actuar, de vivir y de amarnos, estamos dando pasos hacia ella.

Esta invitación adquiere especial importancia en la República Dominicana, donde desafíos como la violencia intrafamiliar, el maltrato infantil, las dificultades de comunicación entre padres e hijos y el debilitamiento de los vínculos familiares nos interpelan como sociedad. Necesitamos hogares donde se eduque sin violencia, se dialogue sin agredir y se ame.

La familia ha de ser una pequeña iglesia donde Dios quiera habitar, el Concilio Vaticano II, en la constitución Lumen Gentium (11), presenta a la familia cristiana como “Iglesia doméstica”. Esta frase tiene un extraordinario significado, pues indica que el hogar está llamado a ser un lugar donde Dios sea conocido, amado, celebrado y anunciado. 

La evangelización debe iniciar en casa, los padre no transmiten la fe únicamente cuando participan juntos en la Eucaristía, sino que también evangelizan cuando dan testimonio de respeto, solidaridad, comprensión, amor, honestidad y responsabilidad, porque los hijos necesitan escuchar hablar de Dios, pero también necesitan descubrirlo en la manera en la que sus padres se tratan, se respetan y se acompañan, es experimentar la fe como un estilo de vida, basada en la oración y el perdón.

La Sagrada familia de Nazaret es nuestro modelo, Jesús María y José vivieron una experiencia de hogar como cualquier familia dominicana con responsabilidades, incertidumbres, carencias, trabajo, desplazamientos y dificultades, sin embargo mantuvieron a Dios en el centros de sus vidas, su hogar nos muestra que la santidad se construye desde la confianza en Dios, la obediencia, el servicio y el amor.

En definitiva, la santidad es una meta alcanzable para las familias, por tanto, desde hoy podemos dar pasos hacia ella, poniendo a Dios en primer lugar, orando juntos, leyendo la Palabra de Dios y la poniéndola en práctica, asistiendo juntos a la Eucaristía y compartiendo su testimonio a otras familiar.

No necesitamos familias perfectas; necesitamos familias comprometidas con aprender a amar, a perdonar y a servir. Porque el país que soñamos comienza en los hogares que construimos cada día.

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